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Goletas Turcas
Vacaciones en una goleta turca  
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Me reuní con el resto del grupo que continuaba de charla en popa, a lo lejos se oían los cantos de llamada a la oración desde una mezquita cercana en el mismo puerto de Bodrum. Miles de banderas turcas ondeaban en los barcos, el rojo destacaba sobre el azul de nuestros cojines.
Continuamos la charla mientras estibaban la compra, ni les veíamos ya que accedían al salón a través de una puerta situada a babor y que daba directamente a la cabina. Por supuesto antes de comprar se aseguraron de nuestras preferencias tanto en la comida como en la bebida. La hospitalidad Turca es realmente impresionante.
Me contó Kim que las goletas eran barcos dedicados al comercio y que hace unos 25 años comenzaron a reconvertirlas en barcos para la navegación de recreo y así comenzó el alquiler de goletas y las vaciones en goletas turcas.
Organizados los equipajes (que la tripulación nos había dejado antes en cada camarote) y tras apurar el desayuno salimos a dar una vuelta para visitar una cuantas goletas turcas.
De regreso al barco la bandera española ondeaba en lo alto del palo en nuestro honor.
Al caer la noche la goleta se veía más bonita aún si cabe gracias a la impecable iluminación de que disponía: lámparas en el salón, apliques en las paredes, puntos de luz en el pasillo casi a nivel del suelo. El ambiente era muy cálido y acogedor
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La primera cena a bordo resultó espléndida tanto en su elaboración y en su presentación como en el servicio, estábamos en un restaurante de cinco tenedores. Tomamos ensalada de rábanos, tomates, eneldo y ruccola, ensaladilla, rollitos de queso, algas y albóndigas de cordero. Todo ello acompañado de vino tinto y un blanco afrutado excelente. El capitán se acercó a mitad de la cena para comprobar si todo estaba a nuestro gusto, mientras el piloto en la cabina comprobaba las cartas, el cocinero ultimaba los postres en la cocina, el camarero rellenaba las copas de vino vacías y el tripulante más joven, que está aprendiendo el oficio observaba todo atento a cualquier orden que le pudieran dar. Todos saben sus tareas de modo que la organización es siempre perfecta.
Tras la cena salimos a dar un paseo por Bodrum y a la vuelta uno de los marineros nos esperaba, se quedó de guardia toda la noche y todas las noches que duró nuestro viaje.

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El día siguiente lo dedicamos a hacer turismo por la zona, Sefa se ofreció a llevarnos de excursión en su coche,la primera parada la hicimos en una playa cercana donde se celebraba una regata de láser. La siguiente parada fue en un pueblecito de pescadores situado a unos 5 kilómetros, por el camino encontramos algunas casas dispersas entre la vegetación típica de la zona, olivos, higueras y demás flora mediterránea. Las casas blancas, de dos alturas tenían un pequeño huerto. De vez en cuando una mezquita asomaba entre las demás construcciones o se alzaba en lo alto de una montaña.
Paramos a comer en el pueblo de pescadores, en un pequeño restaurante con las mesas situadas al borde del mar. Lucía un magnífico sol pero soplaba viento así que el camarero muy solícito se apresuró a improvisarnos unos chales con unos manteles de colorines. Comimos pulpo y un guiso de pescado delicioso.
Tras la comida visitamos una granja situada tierra adentro, entre montañas y grandes praderas de hierba salpicadas de árboles frutales, allí degustamos un aromático té de tomillo y unos cafés turcos.
De vuelta a Bodrum hicimos unas compras en un pequeño bazar donde se podían encontrar kilims, alfombras, cuero, lámparas y cientos de productos de imitación tan típicos de estos mercados.
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El tercer día salimos a navegar. Creo que era la primera vez que no tenía que madrugar para colaborar en la suelta de amarras,en levar el ancla y demás tareas náuticas del sufrido charterista.Esta vez nos mecíamos acurrucados en nuestras inmensas camas mientras se oía a los marineros izar las velas en cubierta. Cuando me desperté el desayuno estaba listo, como cada mañana no faltaba de nada: zumo de naranja recién exprimido, quesos, fiambres, tomates, huevos escalfados, tostadas con miel y mermelada y café.
De vuelta al camarote lo encontré impecablemente arreglado, la cama hecha, el baño reluciente, la madera recién encerada olía a manzanas.Por el pasillo me crucé con el marinero- aprendiz que cubo en mano se dirigía a cubierta a limpiar los cristales. |
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Goletas Turcas |
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